OPINIÓN: Reflexiones sobre la Restauración Conservadora y el Proyecto Popular

Cuando Mauricio Macri ganó las elecciones para la conducción del Club Atlético Boca Juniors, el grupo de empresarios y políticos que auspició su desembarco, ya tenía en mente que ese era el inicio de una carrera presidencial a partir de una transacción inapelable: por 200.000 $/u$s se logró instalar a un vástago de los sectores concentrados nacionales en el campo de la política.

OPINIÓN: Reflexiones sobre la Restauración Conservadora y el Proyecto Popular

Por Nicolás Carvalho (*)

Lo que seguro no se imaginaban, era que unos años después ganarían nada menos que una elección presidencial por la mitad más uno de todos los votos y que teñirían al mapa de Argentina de azul y oro, haciendo patente en ese mismo movimiento en cruel metáfora, sus inicios y los de la patria también.

Una franja dorada – bah, de amarillo patito- pintó la pampa húmeda, sobre el azul apagado del resto. La expresión misma de la antinomia estructural de la Argentina, las asimetrías regionales asociadas al dilema de la renta agraria y su articulación con los mercados internacionales, convertida en votos. El interés de la pampa húmeda, traducido al sentido común de los grandes centros urbanos –acaso crecidos a su pulso- imponiéndose por sobre todo, de nuevo.

Por más que se haya querido instalar la idea de que esta década creó una grieta, la evidencia histórica demuestra que la grieta es fundacional y que sobre ella fluye el rio de la renta agraria. Las subjetividades se han repartido a ambos márgenes conforme se considere que debe ser dejada en su curso libre o por el contrario canalizada, desviada, intervenida.

Desde esta perspectiva, el plan económico aturde, pero no sorprende. Consiste en la repetición de medidas de corte neoliberal ortodoxo, sin miramientos respecto a los efectos sociales y costos humanos del proceso de ajuste. En términos generales, asistimos a un retiro del Estado respecto de la dinámica económica; a un “sinceramiento” de las variables del mercado conforme su propia lógica.

A una fuerte devaluación inicial, le siguió la eliminación de los controles de precios y cambiarios, liberación de importaciones y eliminación de retenciones y otras instancias administrativas al comercio exterior y eliminación de subsidios a servicios públicos. Es decir que además de ceder el control de la economía a los peces gordos de cada sector –globales y trasnacionales con gerenciamiento autóctono a la sazón- se operó en el sentido de una transferencia de recursos formidables de los sectores más vulnerables y asalariados a los sectores más poderosos.

Así las cosas, es el proyecto político del PRO el que ha desconcertado, por la brutalidad y brusquedad de las medidas, su corte fascista y su perfil autoritario. La negativa de Macri a convocar al congreso se explica ciertamente desde lo táctico, pero es inadmisible desde una visión democrática y ni hablar desde el jactancioso respeto a las instituciones que suele exhibir el republicanismo sobre el que fundó su discurso el partido gobernante.

Sobre esa negativa, llovieron Decretos de Necesidad y Urgencia y un estilo de gobierno de facto que acaso sea sostenible a partir de un acuerdo espurio y antidemocrático entre el presidente y la máxima autoridad de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Este modo de actuar que trasciende lo formal, es encubierto con banalidades en una reedición abrumadora de noventismo, constituyendo una verdadera restauración conservadora que ya no solo apunta a recomponer las relaciones de fuerzas entre los flujos de capital, sino el statu quo ante (¿bellum?).

La detención de Milagro Sala viene a confirmar que no solo están dispuestos a todo en el plano institucional, sino en su modo de relación con los líderes sociales y políticos, con la movilización popular y con el ejercicio de los derechos civiles y políticos en general.

Las relaciones internacionales fueron rápidamente rectificadas y presentadas como si de charlar y sonreír se tratara la cosa. La estrategia deliberada de mirar al sur político y apostar al bloque emergente BRICS, no solo en tanto mercados sino como matriz alternativa al desarrollo del capitalismo global, fue desplazada rápidamente por la más conocida de las relaciones carnales.

La mentada inserción en el mundo es en efecto una rendición: el realismo periférico o asunción con resignación de las asimetrías globales y el papel de Argentina como actor secundario y subsidiario, eminentemente agroexportador. La novedad irrefutable de que la derecha más recalcitrante ha accedido al poder por primera vez a través del voto popular, no debe soslayar que el proyecto popular ha finalizado un ciclo de gobierno exitoso y que, por si fuera poco, se dio el gusto de terminar con niveles aceptables de gobernabilidad, una construcción popular en movimiento y con una emocionante e inédita movilización popular. Agreguemos a la gran mayoría de los gobernadores de la nación, nutridos bloques parlamentarios en diferentes legislaturas, incluyendo el congreso nacional, un grupo activo de fiscales y jueces que comparten la visión de futuro, por hacer mención solamente a algunas evidencias institucionales de este proceso.

La diferencia entre proyecto nacional y proyecto de gobierno es la que debe ser puesta en primer plano, en el punto en que esta continuidad institucional, garantiza la continuidad de las disputas históricas con otra correlación de fuerzas, pero con todos los actores presentes en cuerpo, alma e investidura. Es en este punto que se puede mirar para adentro y aclarar que autocritica no es igual a catarsis y deberíamos decirlo con todas las letras: Reconociendo el liderazgo de Cristina –innegociable – y las vicisitudes de la postulación y desarrollo de la campaña de Daniel –que fue de menor a mayor como dirigente y como candidato- han existido profundos problemas en la conducción política, por un lado, y errores en la conducción del Estado, por el otro. Tanto por parte de los compañeros más jóvenes que accedieron a una mayor exposición como de los compañeros más desgastados que ocuparon lugares a un costo muy elevado para el proyecto.

Los motivos son múltiples y variados, pero la consecuencia es una sola: la necesidad de que esos compañeros dejen de ocupar esos lugares. No es sin ellos, pero tampoco es con ellos allí. Menos importante que “quién” es “cómo”; y si de iluminar se trata arranquemos por lo más oscuro: los órganos de conducción, suavemente sacudidos en la última década conforme era necesaria su activación, pero nunca puestos al servicio de la construcción militante. En su apertura y en la generación de mecanismos adecuados de debate y participación se irán definiendo los “quienes”.

El punto de partida es sin dudas la movilización interna de las estructuras partidarias y otros dispositivos de contención, con una amplia campaña de afiliación que garantice el final de los oscurantismos. Para terminar de decirlo todo agreguemos que no por mucho madrugar se amanece más temprano y el discurso generacional suele ser lo suficientemente frívolo como para presentarse vacío. Ni aggiornamiento al estilo ganador, ni constitución de minoría intensa –ambas opciones transitadas en la década de los noventa. Para no repetir errores vale además recordar que el peronismo no es un circulo y que cuando la política se va reduciendo paulatinamente al convencimiento de convencidos se achica hasta su derrota primero y extinción después.

La comunicación, la cuestión del mensaje: su construcción y derrotero forman parte esencial de la política pero no son idénticos a ella. La política es esencialmente praxis y como tal, aplica al acto de la comunicación, con la única condición de que no se trate solo de palabras. Hay en la política una centralidad que remite a la transformación, por ello la restauración conservadora necesita sacarla del medio, bailar en balcones, poner perritos en sillones y ballenas en billetes. Hay una necesidad que es entonces conceptual, pero también práctica, de trazar estrategias comunicacionales pero a la vez devolver a la política su dimensión concreta, cara a cara, mano a mano, codo a codo.

Autoconvocarse es un recurso legítimo y dado que hay mucho que cuestionar a la política organizada, necesario. Y en efecto, los procesos instituyentes suelen producirse por organización paulatina desde una grupalidad más o menos horizontal a formas diagonales de circulación simbólica. No obstante lo dicho, es absolutamente necesario evitar dos sesgos ampliamente difundidos: el de la pureza de lo inorgánico y el gorilismo de cierto progresismo urbano.

En efecto, el momento exige lucidez y racionalidad. La mitad menos uno de los votos acompañaron la posibilidad de continuación del proyecto de gobierno, pero en base a un discurso con pretensiones de mayorías y no de minoría intensa. Si el intento oficial apunta a fragmentar este campo, el esfuerzo de quienes tenemos la obligación de continuar el proyecto popular deberá ser por garantizar su unidad, o concebir los mecanismos para que se jueguen las diferencias en un contexto unificado. La idea de un peronismo domesticado y un pejota alineado asquea, del mismo modo en que lo hace la foto de Massa en Davos; con la única salvedad que esos cuadros con perfil UCEDEista fueron también encumbrados por nuestra conducción.

Lo que viene es una disputa permanente en todos los espacios institucionales y otros campos de organización popular, para evitar grandes retrocesos, apuntando a una victoria electoral en las legislativas de 2017. Hay un papel decisivo de gobernadores e intendentes tanto en la construcción de gobernabilidad gubernamental como en la generación de condiciones para la construcción partidaria. Pero a la vez una necesidad de renovar las estructuras y ofrecerle a la sociedad nuevos cuadros de conducción y de gobierno para lo que viene.

 

(*) Nicolas Carvalho es Licenciado en Psicología, ex Sub Secretario de Derechos Humanos Bonaerense e Investigador del INTA.

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